Peronismo: Una Filosofía de Liberación

“Todo Argentino que, a través de una actitud libresca o elitista, asimile las pautas culturales de ambas potencias, ya sea asumiendo una visión competitiva y tecnocrática del hombre, como una interpretación marxista de los valores  de la cultura, trabaja deliberadamente o inconscientemente para que la sinárquia cercene irreparablemente nuestra vocación de autonomía espiritual y obstruya interminablemente la formación de una autentica Cultura Nacional”
Juan Domingo Perón — Modelo Argentino


Cuando en los comienzos de la Revolución Peronista, por allá en los años cuarenta del siglo pasado, su conductor, Juan Perón planteaba: “Lo mejor que tenemos es el pueblo”, se iniciaba un profundo cambio cultural en la política argentina. Comenzó a replegarse, no sin presentar batalla, la filosofía depresiva, decadente, propugnada por Sarmiento y Alberdi, y propagandizada por Mitre, según la cual una verdadera fatalidad histórica, las condiciones nativas, negativa de los argentinos, eran causa de “nuestra incapacidad” para el progreso.


Este “fatalismo” histórico, que esta implícito en el libro  las bases del famoso tucumano antes mencionado, es materia de fe del intelecto opositor y razón encubierta de todo despotismo (que hoy llamamos  neoliberalismo o progresismo más o menos de derecha; que al que le quede se ponga el saco…) Cuando Perón  enuncio la primacía del Pueblo, algunos quisieron entender una alabanza demagógica destinada a las masas en ese instante, en busca de apoyo electoral. Nada más falso. El Pueblo al que Perón se refería era el mismo pueblo criollo de la independencia nacional, aquel que combatiera en cancha rayada o en vuelta de obligado.


Y para que no quede ninguna duda, lo aclara el mismo en el discurso de la “liga por los derechos del trabajador”, cuando  identifico al pueblo de 1947 como el continuador de las luchas por la independencia, obtenidas con su sacrificio, su valor y su sangre.


Perón cifra el derecho del pueblo a participar en al conducción del destino de la Patria  y a gozar equitativamente de las riquezas naturales, no en el contrato social, ni en la lucha de clases, sino en la Personería Histórica del Puebloen su identidad con la Nación misma desde sus orígenes. Y es en sus virtudes intrínsecas, naturales, ancestrales, en las que fundamenta un orden de primacías en su absoluto:” Lo mejor es el Pueblo”. Después, por lo tanto todo lo demás.


¿Y qué  Pueblo se refiere?: El que conquisto su libertad por mano propia, empuñando un fusil frente al opresor extranjero y al traidor vernáculo; ese mismo pueblo del que Sarmiento decía” que la sangre era lo único que tenían de ser humano” y por eso no había que ahorrarla en la represión de las autonomías provinciales.


El mismo de que Alberdi, decía que no era apto para el progreso, como no era apto para la libertad, que como la máquina de vapor era un invento ingles y por eso debía ser reemplazado por maquinistas ingleses. Por el contrario Perón, hace una revalorización del hombre Argentino, siguiendo la Línea Nacional de San Martín, Juan Manuel De Rosas, Bernardo de Monteagudo, Moreno e Yrigoyen; ya que estos querían prepara al pueblo para la grandeza, reivindicando su orgullo y dignidad.


Él quería asentar esa grandeza en la reafirmación de la independencia y eso no se puede conseguir con un Pueblo de esclavos, acostumbrados  a la autodenigración, al desprecio de los intelectuales. El camino de la dependencia es precisamente el de la desmoralización nacional. El que comienza aceptando apriorísticamente, la inferioridad del argentino.


No se puede originar un pueblo de hombres libres sobre la aceptación fatalista de una inferioridad genética y cultural.


Casi cien años después, Perón  iba  a rescatar la prioridad del pueblo, del negro, del criollo; en contra del proyecto librecambista puesto en a funcionar  por la generación del ochenta, que con la inmigración europea en marcha, encubre la subordinación argentina a la planificación europea, asignándonos el simple papel de productores rurales para alimentar a las “razas superiores”, en marcha hacia el dominio del mundo por la tecnología. Por eso, la más fuerte adhesión le llega al Peronismo desde las masas populares de la Patria. (El subsuelo de la Patria sublevada, lo llamaría maravillosamente el gran Scalabrini Ortiz…)

 

Por eso también,  la soberbia de una burguesía cipaya, intentan el contragolpe racista contra los cabecitas negras; último refugio de la soberbia en la factoría, la antinomia “blanco-negro”, curiosamente alimentada por las oligarquías mestizas, borrachas de europeismo.


Perón no lo acepta, para el, restaurar la dignidad del hombre y mujer argentina es el primer trabajo cultural para terminar con la dependencia.


La propia estimación es la piedra fundamental de la liberación. Por eso el “proceso” y todas las dictaduras que tuvimos hacia la dependencia destruyen de entrada la autoestima popular. La miseria, la denigración, la negación de la personalidad cultural y de los derechos, lleva insensiblemente a la dependencia; el que no cree en si mismo, necesita de los demás. El que fatalmente necesita, fatalmente depende…


El Peronismo que es de por si una filosofía practica y revolucionaria, no se detiene en la autocompasión. Al plantear como meta “la Grandeza de la Nación y la Felicidad de su Pueblo”, se impone una dinámica que excluye la autocompasión y la reemplaza por la voluntad de lucha para la liberación.


“Rompan las cadenas, salten las tranqueras, lleguen al comicio con la boleta en el bolsillo” les decía el entonces coronel a los hombres de la tierra, que eran la masa de maniobra del fraude electoral.


El salario, el descanso, la vestimenta, el techo, la salud, la diversión, son derechos, no son lujos, que nadie regala. A partir de ahí la historia cambia, ya no se pelea por libertades abstractas, se pelea por los mínimos derechos que un hombre tiene nada más y nada menos por haber nacido en esta  bendita tierra.

 

 

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